jueves, 5 de mayo de 2011

QUE SE JODAN

Me encanta la mediocridad. Me encanta mi incoherencia, aburrirme de todo antes de terminar y no concluir nada.

¿Por qué  siempre buscamos una excelencia y nos damos palo tratando de encontrarla si al fin y al cabo nuestra condición no nos deja alcanzarla?

Cada hombre o mujer exitosa tiene un pasado oscuro, ¿cuántos  políticos, empresarios, presidentes,  tuvieron que  negociar con su moral para tener el éxito del cual hoy son dueños y que muchos desean viéndolo como una meta de excelencia?

¿Cuántos músicos han tenido que pagar payola, cantarle a narcos, hacer playbacks y vender música mala (si, hay música mala) para ser ídolos en un mundo donde  la excelencia se confunde con negociar con la moral y  venderse como una puta?

Este  es un mundo en donde la institución que más promulga la excelencia y la moral humana ha  estado llena de corrupción, muerte, incoherencia y para no ir más lejos pederastia. Nosotros venimos de esta tradición de mentiras ¿qué quieren que hagamos?.

Por eso hoy dejo de buscar la excelencia y voy a gozarme al máximo la mediocridad y la incoherencia.  Si no quiero hacer nada hoy, pues me quedo en mi cama con las manos dentro del pantalón, si  hoy quiero ir a trotar aunque nunca lo haya hecho, pues me paro a trotar y luzco mis piernas flacas por lo menos 5 cuadras que se que son las que voy a durar trotando, si quiero fumarme un cigarrillo pues me lo fumo aunque se que es un asco y después de la segunda chupada no voy a querer más por lo mareado que estoy, si quiero comprarle una camisa a mi esposa y se que no tengo un peso pues me sobregiro otra vez este mes,  que se jodan mis ahorros, al fin y al cabo son míos.

Porque la mediocridad es la manera de sentirnos humanos y dejar de mentirnos con un talento y una capacidad que todo el mundo nos embute  y que nos aburre porque somos los únicos que no lo vemos, porque somos los únicos que sabemos que no lo tenemos.

Que rico ser del común, que rico no esperar nada de uno mismo, que rico pasar desapercibido por la vida. Si alguien se decepciona, de malas, no es mi problema, soy feliz como soy, mediocre pero contento.

CALLE 41

Salgo del túnel que atraviesa la carrera séptima en Bogotá y me encuentro con, talvez, tres o cuatro cuadras que resumen el estereotipo del colombiano común, el de a pie.
Vendedores ambulantes que venden chicles, cigarrillos, minutos de celular; mantas tiradas en el piso llenas de música y películas piratas; hippies vendiendo collares, pulseras, mochilas;  estudiantes de todas las carreras pasando por el frente, algunos con afán, otros riéndose, comprando lo que venden en el suelo, leyendo o simplemente pensando, regateando una película pirata que está en cinco mil para que se la dejen en tres mil. También veo al mismo loco de siempre pidiendo plata con el mismo chiste trillado “mono me presta mil pesos y se los devuelvo de este diciembre en ocho?”
Restaurantes que venden almuerzos “ejecutivos” o los mal llamados “corrientazos” que a muchos estudiantes de la Universidad Javeriana nos tocó probar.

También miro a los lados, diez o veinte fotocopidoras, “el túnel” o la que promueve el fraude en los estudiantes “el paisa copión”, café Internet, tabernas, gente repartiendo tarjetas, esas que dicen “chicas casi vírgenes", gente intentado entrar sus carros a los garajes taponados por todo ese caos.

Esa es la CALLE 41,  una calle que muestra nuestra cultura, la cultura del rebusque colombiano, la incoherencia que nos hace felices, donde vemos a estudiantes de música y artes visuales comprando música y películas piratas, donde la gente de corbata que sale de oficinas cercanas o de dictar clase se vuelve amiga del pobre loco que lleva mas de diez años pidiendo en la calle, donde al frente del Corral, donde un combo puede costar más de veinte mil pesos, está Country, una copia barata (pero muy parecida, hasta las mesas son iguales, o eran) donde el combo está a la mitad,  donde ves primíparos tomando cerveza un lunes,  o ves gente como yo, que lleva pasando por esa calle más  de ocho años sin terminar ninguna carrera (yo ya desistí, pero se de algunos que se siguen mintiendo), donde alguna vez mis grandes amigos  Tomás y Néstor  vieron a esa mujer que guardaba esa mirada tan distante y le dió vida a la canción de LA METRO.

Este Blog es como la CALLE 41 una mezcla de vivencias, pensamientos e incoherencias para describir el mundo como lo veo y como lo pienso y si no les gusta, como dijo alguna vez mi abuelo con el dedo en alto "tienen razón y les cabe derecho por su recto y honorable proceder"