Salgo del túnel que atraviesa la carrera séptima en Bogotá y me encuentro con, talvez, tres o cuatro cuadras que resumen el estereotipo del colombiano común, el de a pie.
Vendedores ambulantes que venden chicles, cigarrillos, minutos de celular; mantas tiradas en el piso llenas de música y películas piratas; hippies vendiendo collares, pulseras, mochilas; estudiantes de todas las carreras pasando por el frente, algunos con afán, otros riéndose, comprando lo que venden en el suelo, leyendo o simplemente pensando, regateando una película pirata que está en cinco mil para que se la dejen en tres mil. También veo al mismo loco de siempre pidiendo plata con el mismo chiste trillado “mono me presta mil pesos y se los devuelvo de este diciembre en ocho?”
Restaurantes que venden almuerzos “ejecutivos” o los mal llamados “corrientazos” que a muchos estudiantes de la Universidad Javeriana nos tocó probar.
También miro a los lados, diez o veinte fotocopidoras, “el túnel” o la que promueve el fraude en los estudiantes “el paisa copión”, café Internet, tabernas, gente repartiendo tarjetas, esas que dicen “chicas casi vírgenes", gente intentado entrar sus carros a los garajes taponados por todo ese caos.
Esa es la CALLE 41, una calle que muestra nuestra cultura, la cultura del rebusque colombiano, la incoherencia que nos hace felices, donde vemos a estudiantes de música y artes visuales comprando música y películas piratas, donde la gente de corbata que sale de oficinas cercanas o de dictar clase se vuelve amiga del pobre loco que lleva mas de diez años pidiendo en la calle, donde al frente del Corral, donde un combo puede costar más de veinte mil pesos, está Country, una copia barata (pero muy parecida, hasta las mesas son iguales, o eran) donde el combo está a la mitad, donde ves primíparos tomando cerveza un lunes, o ves gente como yo, que lleva pasando por esa calle más de ocho años sin terminar ninguna carrera (yo ya desistí, pero se de algunos que se siguen mintiendo), donde alguna vez mis grandes amigos Tomás y Néstor vieron a esa mujer que guardaba esa mirada tan distante y le dió vida a la canción de LA METRO.
Este Blog es como la CALLE 41 una mezcla de vivencias, pensamientos e incoherencias para describir el mundo como lo veo y como lo pienso y si no les gusta, como dijo alguna vez mi abuelo con el dedo en alto "tienen razón y les cabe derecho por su recto y honorable proceder"
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