Re mayor, el último acorde que Fauré escribió en su Réquiem. Después de empezar por la quietud de la eternidad en ese largo re
menor, nos hace viajar por el cosmos, nos hace temblar, nos asusta, crea
conflictos entre lo humano y lo sagrado, dibuja ángeles para llevarnos en una
hermosa carroza al lugar donde los mártires nos
esperan desde hace más de 2000 años. Fauré nos abre los ojos y nos muestra que la muerte es alegría y descanso. Ahí estábamos, en la catedral de Miedzyzdroje en Polonia. Helen,
Chak, Ewa, Camille, Tristán, Juraj y unas cincuenta personas más de distintas nacionalidades
hablando el mismo idioma, parados sobre ese re mayor bajo el lenguaje de la música. No conocíamos muy bien nuestras
historias pero vibrábamos con la misma energía en ese pequeño pueblo a orillas del mar báltico.
Como un voto de confianza, totalmente ciego y sin conocer
el proyecto en el que dos meses después me iba a sumergir, envíe un e-mail de inscripción a la dirección de correo electrónico que aparecía en aquel flyer que tomé de una mesa en la sala de
ensayos del coro, en el conservatorio de Montpellier. Nunca pensé que esa decisión impulsiva me cambiaría la vida.
El flyer invitaba a estudiantes de canto, coristas y
directores de coros a participar en la ACADEMIA CORAL INTERNACIONAL IN TERRA
PAX en el mes de Julio. Presentaciones en Polonia, Alemania y Francia junto a más de 50 personas de diferentes
países
europeos, unidas durante 20 días. Fue algo que me llamo la atención sobre todo después de llevar más de dos años en Francia sin mucha
actividad musical y cansado de tener que sobrevivir en un país extraño, viviendo de pequeños trabajos dignos pero difíciles para el ego.
Más de 15 años de actividad coral me habían enseñado la importancia de este
tipo de proyectos y después de 6 años de haberlos dejado a un lado, necesitaba volver al
equilibrio de mi esencia. Esa esencia que descubrí por primera vez de la mano
del profesor Leal en el coro del Gimnasio Moderno cuando era niño y que se afianzó en el Coro la Escala con la
Bata. Los coros me llevaron a amar la música, la gente, conocer mis amigos eternos y a conocer el
mundo. La Bata, Amalia Samper, Manuel Cubides “Piquis” y Alejandro Zuleta fueron por
suerte mis grandes referentes y maestros de vida. Era hora de volver a vibrar,
de volver a despertar mi alma y qué mejor manera de hacerlo que con las cosas que amo, cantar
y viajar.
Por eso, sin pensarlo dos veces, me lancé a ciegas en este viaje
que me cambió la vida y me dio, como lo
sugiere Fauré en su
Réquiem, una nueva oportunidad
de renacer.
Después de la caída del muro de Berlín los gobiernos de Alemania y Polonia invirtieron en tejido
social para acercar las dos
sociedades que estuvieron separadas por un muro durante casi 50 años -aquel suceso aún reciente que refleja la gran
estupidez humana-. Esta inversión se hizo creando proyectos culturales de todo tipo.
Teatro, pintura, danza y por supuesto la música. Es así que en 1991, bajo la batuta del profesor polaco Jan
Szyrocki, proveniente de Szczecin, nació el programa IN TERRA PAX.
Grandes directores alemanes han colaborado con este
proyecto de unión
entre las dos sociedades desde su inicio: los profesores Ludwig Güttler de Dresden, Wolfgang Unger
de Leipzig, Volker Schmidt-Gertenbach de Göttingen y Werner Pfaff de Karlsruhe han guiado a miles de
coristas que durante dos semanas al año comparten su cultura, sus costumbres y hablan un mismo
lenguaje de paz a través de la música.
Desde 1998 IN TERRA PAX abrió sus puertas al mundo y acoge
a músicos
de todos los países
de Europa, tanto que desde hace 3 años su director artístico es el francés Jean-Baptiste BERTRAND, director de la maîtrisse del consejo general del
departamento de la Loira, cerca a St Etienne. Esta maîtrisse es un liceo donde los
niños entre 10 y 17 años
van todos los días a
tomar sus cursos normales y en las tardes tienen clases de música, todo basado en un
programa de canto coral. Es algo así como un centro de alto rendimiento para cantantes.
Este año, bajo la batuta del Maestro
BERTRAND y del maestro Szymon Wyrzykowski,
excelente director polaco invitado, estuvimos
reunidos coristas de Polonia, Eslovaquia, Alemania, Suiza, Francia y por
primera vez en su historia, Colombia.
Todos convencidos de que la mejor manera de entendernos
como humanos es buscando puntos comunes que nos sensibilicen como tales sin
importar nuestra nacionalidad, raza o cultura, buscamos los medios para llegar
a ese pueblo escondido en el norte de Polonia. Unos por aire, otros en tren y
otros tras 30 horas de autopista en auto, llegamos para incorporarnos a este
proyecto durante dos semanas continuas, cantando en escenarios Polacos,
Alemanes y Franceses, este proyecto del cual ahora nos sentimos parte.
Soy un convencido de que la mejor manera de crear lazos,
reconciliación,
intercambio y tejido social es a
través del
arte, de la música.
IN TERRA PAX, ha tocado la vida de más de mil personas y es apenas
una mínima
porción de
lo que se podría
hacer si de verdad hubiera una real voluntad para promover este tipo de
proyectos en el mundo. Países como los nuestros lo han intentado y algunos lo han
logrado. Sin embargo muchas de estas iniciativas se han ahogado entre
burocracia y falta de voluntad política.
¿Es un poco utópico pensar en un país como Colombia poblado por enormes ejércitos de cantantes o jóvenes armados con violines y
trompetas en vez de pistolas y metralletas?
Tal vez, pero también se qué somos muchos los soñadores que creemos que puede ser posible. Somos muchos los
que hemos tenido la posibilidad de ver nuestro país desde afuera, ver distintas
soluciones y ver resultados sociales en otros países a través de proyectos utópicos e impensables. Somos
aquellos que nos ha tocado sobrevivir fuera de nuestra tierra, lejos de
nuestras familias y a veces pasando malos momentos pero de los cuales siempre
hemos aprendido, porque estamos convencidos de que todo esto nos ayudará a crecer y nos dará herramientas para compartir
con nuestro país que
tanto lo necesita.
IN TERRA PAX me dio enormes herramientas para pensar que
proyectos de este tipo pueden crearse en Colombia en espacios de reconciliación, de educación, de paz. Solo nos falta
voluntad y un “ejercito
de diez mil valientes” que sean capaces de convencer a quienes pueden invertir en
este tipo de iniciativas, pensando siempre en una mejor calidad de vida, así como en un mayor desarrollo
cultural y educativo para todos los Colombianos.
Después de esta experiencia he sido invitado para el montaje del
CARMINA BURANA de Carl Orff y SVYATI de Jhon Taverner con el coro de la maîtrisse del departamento de la
Loira y el coro de la opera de St Etienne, bajo la dirección de Jean-Baptiste BERTRAND,
en calidad de director asistente. También tengo una invitación para volver a IN TERRA PAX el próximo año como director invitado y
mostrar una parte de nuestra hermosa música colombiana.
Todos estos proyectos, las puertas que se me están abriendo, más los estudios que estoy
realizando en musicoterapia van hacia una sola meta: seguir aprendiendo de
estas nuevas experiencias para empezar a reclutar desde ya a ese “ejercito de diez mil valientes” que convertirá en Colombia estos proyectos
utópicos
en realidades.
¿Quién se le mide?
Que buen escrito. Tengo voz de tarro para cantar. Pero en lo que pueda aportar lo hare. Quedan 9999 Valientes por Reclutar!
ResponderEliminar¿Por qué 10 mil? Muy buen escrito, la música es un arma muy poderosa.
ResponderEliminarConta conmigo valiente!
ResponderEliminarNo tengo voz, pero tengo toda la voluntad y actitud de apoyo. Muy buen escrito!
ResponderEliminarMe inspiraste, Pipe... gracias por confiar. Gracias por arriesgarte y gracias por soñar. Cuenta conmigo.
ResponderEliminarGracias chicos!!! empecemos a trabajar!!!
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